Hiperinflación en Venezuela

Artículo publicado en el diario “El Economista” de Madrid, España. Sábado 27 de enero de 2018

 

Durante los últimos tres lustros, el problema inflacionario en Venezuela se ha agravado, llegándose a fines del año pasado a una situación hiperinflacionaria, con un aumento promedio intermensual de los precios superior al 80% en diciembre. Pero, ¿cómo ha podido pasar esto en un país petrolero? Una de las principales causas de este descalabro, quizá la más significativa, ha sido la monetización de los enormes déficits públicos. Dadas las limitaciones de ingresos gubernamentales, debido a la mermada renta petrolera y al mantenimiento de tipos de cambio oficiales absurdos, un organismo como Pdvsa, la petrolera estatal, ha tenido que endeudarse masivamente para financiar los déficits en que incurre, dados los elevados desembolsos que le ha impuesto el gobierno para cubrir programas sociales ajenos a su actividad medular, siendo el Banco Central de Venezuela (BCV) su gran prestamista. Eso se ha traducido en una creación masiva de dinero sin respaldo por parte del BCV, adentrándose esa institución en la más perversa y dañina práctica de política monetaria, que se aplicó en otras economías latinoamericanas en décadas pasadas, generando estragos inflacionarios devastadores.

Otro causante de esa galopante inflación es una severa restricción de oferta de bienes y servicios, que se ha producido por la conjunción de varios factores, tales como: el acoso permanente del gobierno a la empresa privada; la ausencia de inversión, que limita la producción y atenta contra la eficiencia y la productividad; la imposibilidad de acceder a las divisas preferenciales para importar los insumos requeridos debido al severo control cambiario existente y a la escasa disponibilidad de moneda extranjera, esto último causado por los altos desembolsos para servir la deuda pública externa y la sostenida caída de los volúmenes de producción y exportación de petróleo; los desproporcionados controles de precios y de otra índole que condenan a muchos productores y distribuidores a trabajar a pérdida hasta llevarlos a la quiebra; los aumentos compulsivos de salarios que fuerzan el cierre de múltiples empresas; la destrucción del aparato productivo privado a través de las expropiaciones de empresas; la supina ineficiencia productiva de las empresas públicas; y, finalmente, las múltiples restricciones a las importaciones privadas impuestas por el gobierno.  Estos factores han contribuido a crear una crónica situación de altos costos, escasez y desabastecimiento, presionando los precios al alza.

Además, la creación desproporcionada de dinero sin respaldo y el mermado ingreso de divisas, han contribuido a disparar el tipo de cambio en el mercado libre, agravando la inflación, ya que, al no tener los empresarios acceso a los dólares preferenciales, la evolución esperada de esa tasa cambiaria es determinante en el establecimiento de los precios.

Todo lo anterior explica por qué hoy se vive en Venezuela una situación caótica en lo económico y lo social que bien se puede definir como una crisis humanitaria, caracterizada por un aumento notable de la pobreza, por el desplome de la capacidad de compra de los ingresos de la población, y por la imposibilidad de acceder a productos de primera necesidad, como alimentos y  medicinas, creando una situación de hambruna con un aumento notable de la mortalidad y la morbilidad. Ante esto vale preguntarse por qué el gobierno insiste en manejar erróneamente el problema a través de controles de precios cada vez más severos, del mantenimiento de un tipo de cambio absurdamente bajo para los dólares con los que hace las importaciones de productos básicos de forma exclusiva, y de la distribución de bolsas de productos alimenticios altamente subsidiados que solo llegan a algunos adeptos al oficialismo, acciones estas que lo que hacen es exacerbar el problema, estimular la corrupción y generar discriminación. ¿Por qué se ha negado a aplicar las políticas antiinflacionarias que exitosamente se implementaron en otras economías latinoamericanas en el pasado reciente, y que llevaron al abatimiento de los graves fenómenos inflacionarios que padecieron?

Quizá la respuesta radica en que esa línea de acción es muy cónsona con lo que históricamente ha caracterizado a varias revoluciones de corte comunista: fomentar la miseria, pues ella genera dependencia del Estado y sumisión al gobernante.

Sin embargo, la historia también enseña que esa perversa línea de acción tiene sus límites, llegándose, tarde o temprano, a un quiebre inevitable que fuerza el cambio. Ojalá  que esa corrección se produzca sin violencia y enfrentamientos, sino de una forma pacífica.

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