¿Devaluación?

Publicado en el diario “El Universal” de Caracas. Sábado 4 de septiembre de 2004

Recientemente se ha vuelto a hablar de una devaluación del bolívar, especulándose acerca de la fecha y la intensidad de ese ajuste cambiario. Si bien las autoridades lo han desmentido, como siempre lo hacen y deben hacerlo, vale la pena analizar las razones para que se tome o no una medida de ese tipo. Quienes se oponen a ella argumentan que no tiene sentido devaluar el bolívar oficial, es decir, aquel destinado a la compra de dólares controlados, ya que los altos precios petroleros están generando un continuado y elevado superávit externo que se traduce en una abultada disponibilidad de divisas. Mal puede encarecerse algo que sobreabunda en una economía, dicen. Adicionalmente, si uno de los objetivos centrales de la política económica es reducir la inflación, no tiene mucho sentido devaluar, pues ello encarecería los productos que importamos. También aducen que una modificación del tipo de cambio controlado generaría ingresos adicionales al Fisco, estimulado la expansión de gasto público y, en consecuencia, el aumento de la liquidez y de los precios.

Si bien esos argumentos de corto plazo son ciertos, no hay que olvidar que el mantenimiento de un tipo de cambio fijo en una economía que padece una inflación substancialmente mayor que la de sus socios comerciales, genera distorsiones crecientes con consecuencias muy adversas, que al tratar de corregirse una vez que se hacen insostenibles, producen efectos devastadores. Al igual que muchas veces en el pasado reciente, la inflación a nivel de mayorista que estamos padeciendo es muy superior a la de aquellos países con los que comerciamos, produciendo esto una sobrevaluación del bolívar que ya supera el 30%. Ello implica una pérdida acentuada y continuada de capacidad competitiva de nuestros productores, pues sus costes de producción, no sólo en bolívares sino también en dólares, aumentan a un ritmo mucho mayor que los de sus competidores foráneos. Eso no sólo limita la capacidad de exportar, sino que estimula las importaciones, impidiéndose así la diversificación de la economía, tan necesaria para reducir la sobredependencia de la volátil actividad petrolera.

Si el efecto inflacionario creado por el desbocado gasto público se pretende controlar a través del anclaje cambiario, se estaría condenando a la economía a una nueva gran crisis, que estallará, como tantas veces antes, cuando la distorsión se haga insostenible.

Imagen: Lapatilla.com