Lecciones de 2016 para 2017

Publicado en el diario “El Nacional” de Caracas. Jueves 12 de enero de 2017

 

Revisando el artículo que escribí hace un año en esta columna sobre las perspectivas económicas de 2016 constaté no solo lo acertado de esas previsiones, sino también la vigencia que estas aún tienen para el 2017. Para dar soporte a lo que digo, reproduzco algunos párrafos de aquel artículo que, creo, pueden aplicarse al año que recién comienza: “Después de un año devastador desde el punto de vista económico, las perspectivas (…) no son nada alentadoras. Los deprimidos precios petroleros y las escasas o inexistentes posibilidades de que los mismos experimenten una sólida recuperación en los próximos meses, llevan a pensar que los ingresos de divisas de este año serán muy bajos, haciendo que continúe la restricción crítica de dólares para la realización de una serie de operaciones externas, la importación de productos básicos como alimentos y medicinas, entre ellas. Esto, combinado con las pocas posibilidades de incremento de la producción local debido al diezmado aparato productivo privado, a la ineficiencia supina de las empresas estatales, y a la imposición de desproporcionados controles de precios y de otra índole, hará que los ya críticos problemas de escasez y de desabastecimiento continúen a lo largo del año, o incluso se agraven. El descomunal desequilibrio de las finanzas públicas, (…) y el financiamiento de buena parte del mismo por el BCV a través de la creación masiva de dinero sin respaldo, continuará materializándose en el presente año.”

“De continuar el manejo de la cuestión económica como hasta ahora, los resultados de este año serán muy adversos (…) La inflación sería aún mayor, con su efecto devastador sobre la capacidad de compra de los ingresos de los venezolanos, traduciéndose esto en un aumento aún más acentuado de la pobreza que el que ya se produjo el año pasado. La actividad productiva, por su parte, volvería a mostrar una contracción muy intensa, limitando las posibilidades de trabajo y aumentando notablemente los niveles de desempleo y subempleo. Toda esta situación tendería a agravarse por las dificultades cada vez mayores de obtener financiamiento externo, y el bajo nivel de reservas internacionales debido a la dilapidación irresponsable de recursos en los años recientes, lo cual podría llevar a una imposibilidad de seguir honrando los compromisos financieros externos que vencen este año.”

“Ante un panorama tan adverso, cabe preguntarse qué efectos podría tener el nombramiento del nuevo gabinete económico. La pregunta no es fácil de contestar, ya que, por una parte, quienes integran el nuevo equipo no han dado signos claros de cuál será la nueva orientación de la política económica, (…) y, por la otra, la persona que ahora tiene la responsabilidad de liderar ese equipo es un manifiesto partidario y defensor de la política económica hasta ahora implementada. (…) De imponerse esas recomendaciones en el manejo de la cuestión económica en los próximos meses, lo que tendremos será la profundización de la crisis que vivimos, más escasez, inflación aún más alta, acentuación de la pobreza y depauperación.”

Como se ve, lo que predijimos hace un año se cumplió a cabalidad, habiéndose materializado el año pasado una inflación de alrededor de 500%, una contracción económica superior a 10%, una fuerte caída de la capacidad de compra de los ingresos percibidos por los venezolanos y, consecuentemente, un incremento notable de la pobreza. Hay que aprender de esa lección, pues de no darse un giro en la conducción del país, ese cuadro dramático muy posiblemente se continúe materializando a lo largo de 2017, para desgracia de todos los que aquí vivimos.

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Imagen: gulflahot.wordpress.com