La ambigua economía

Publicado en el diario “El Nacional” de Caracas. Sábado 28 de junio de 2008

 

El viernes 6 de junio de 2008 los precios petroleros experimentaron un crecimiento desproporcionado, al punto de que el crudo marcador WTI se ubicó en $ 138,54 después de subir un 8,4% con respecto al día anterior. Eso equivalió a un aumento de $ 10,75, monto superior al precio promedio de un barril de ese crudo en diciembre de 1998. ¿Qué produjo ese dislocado ajuste? Ello se debió a una diversidad de factores, entre los que se pueden mencionar las declaraciones de un ministro israelí según las cuales su país podría verse en la necesidad de atacar a Irán ante las amenazas reiteradas del presidente Ahmadinejad, así como los amagos de huelga de los trabajadores de Chevron en Nigeria. Estas noticias contribuyeron a exacerbar las expectativas en los mercados petroleros internacionales, presionando los precios al alza. Sin embargo, el acontecimiento que más coadyuvó a la dislocación del mercado fue el anuncio del incremento de la tasa de desempleo en los Estados Unidos de un 5% en abril a un 5,5% en mayo.

Lo que llama la atención es que un indicador tan claro acerca del fuerte deterioro que está sufriendo la mayor economía del mundo, se haya traducido en el principal causante de un abrupto incremento de los precios petroleros. En las líneas que siguen trataremos de explicar esto con más detenimiento.

Una recesión en los Estados Unidos se reflejaría en la economía mundial, pues sus compras foráneas se reducirían en montos de importancia. Esto afectaría al resto del mundo, pero particularmente a los países que dependen en gran medida de las exportaciones que hacen a esa nación, como China, India y otros países de Asia, que sufrirían desaceleraciones económicas. Todo ello se traduciría en una merma de la demanda petrolera internacional, que debería generar una moderación de los precios. ¿Cómo se explica entonces el dislate del viernes 6 de junio?

En recientes declaraciones, Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, dijo que en los tiempos por venir se le pondría especial cuidado al comportamiento del dólar en los mercados financieros internacionales, dando a entender que las tasas de interés en los EEUU comenzarían a subir para apuntalar así al debilitado dólar. Eso contribuyó a que el petróleo bajara de precio ante la posibilidad de que la divisa norteamericana comenzara a fortalecerse. Sin embargo, el anuncio del aumento del desempleo americano llevó al convencimiento de que la Fed no podrá elevar las tasas de interés, pues ello agravaría las presiones recesivas de esa economía. Esto, combinado con unas declaraciones del presidente del Banco Central Europeo según las cuales las tasas de interés podrían elevarse en el viejo continente, llevó al convencimiento de que el dólar se seguirá debilitando frente al euro, generando esto el violento ajuste de los precios petroleros.

Así pues, los especialistas que vaticinaron con justificados argumentos que el repunte del desempleo en los Estados Unidos contribuiría a reducir aún más los precios petroleros, como de hecho venía sucediendo en los días que siguieron a las declaraciones de Bernanke, se vieron sorprendidos por un comportamiento anómalo y de inusitada virulencia en el sentido diametralmente opuesto. Los precios no sólo no siguieron bajando sino que se dispararon a niveles históricos, demostrando esto, una vez más, que la economía, que es una ciencia social que trata de explicar el comportamiento racional de los agentes económicos, es por demás ambigua y de difícil predicción.

Hay momentos que me llevan a pensar que no dejan de tener razón quienes nos critican diciendo que los economistas nos pasamos tres meses del año anunciando lo que va a pasar, y los nueve restantes explicando por qué no sucedió lo que predijimos. Sin embargo, y en descargo de mis colegas, yo retaría a cualquier profesional a que intente predecir en un ambiente tan ambiguo y complejo como el económico de hoy.

 

Imagen: renderasbusiness.com